Este es un día muy esperado para esta Comunidad de Clarisas Descalzas, de esta ciudad de Badajoz, que cada año celebra la Fiesta de Ntro. Padre Jesús de la Espina, en este día primaveral del 4 de mayo de 2026
Este año los pacenses han tenido una doble satisfacción y una oportunidad de disfrutar de esta Fiesta en horario de mañana y tarde.
La mañana se desarrollo por parte de las monjas iniciando que a las 09.45 h. se rezó de la Coronilla de la Divina Misericordia, el acto de la Consagración y el ejercicio de Ntro. P. Jesús de la Espina, y seguidamente fue la Eucaristía, con el fin único y sublime de conmemorar esta festividad. Presidió el capellán del monasterio, D. Francisco José Trabadela Gómez, a las 10.00 horas.
En este lunes con su homilía ha manifestado públicamente el amor que el mismo profesa a esta imagen que desde muchos años, le ha acompañado en su ministerio sacerdotal, como nuestro capellán.
Homilía:
Querida comunidad de Hermanas Pobres de Santa Clara, que celebráis el día de la Santa Espina, la espina del Señor, que colocada sobre su cabeza va a ser el comienzo de su vía crucis hasta la cruz.
Por eso es bueno que hagamos una reflexión todos acerca de la cruz, la santa cruz. “Tengo proyectos de paz, no de aflicción”, dice el profeta Jeremías.
La cruz de Cristo ha cambiado el sentido del dolor y del sufrimiento humano, de todo sufrimiento físico y moral. Ya no es un castigo, ni una maldición.
Ha sido redimida en raíz desde que el Hijo de Dios la ha tomado sobre sus hombros. ¿Cuál es la prueba más segura de que la bebida que alguien le, te ofrece no está envenenada?
Es si él bebe delante de ti y de la misma copa. Así lo ha hecho Dios. En la cruz ha bebido delante del mundo el cáliz del dolor hasta la sed.
Así ha mostrado que este no está envenenado, sino que hay una perla en el fondo de él. Y no solo el dolor de quien tiene la fe, sino de todo dolor humano.
Mientras pintaba el fresco de la Catedral de San Pablo en Londres, el pintor James Thor-Thorgill, en un cierto momento, se sobrecogió con tanto entusiasmo por su fresco que, retrocediendo para verlo mejor, no se daba cuenta de que se iba a precipitar al vacío desde los andamios.
Un asistente horrorizado comprendió que un grito de llamada solo había servido para el desastre. Sin pensarlo dos veces, mojó su pincel en el color en medio del fresco.
El maestro, estupefacto, dio un salto hacia delante. Su obra estaba comprometida, pero él estaba salvado. Así actúa a veces Dios con nosotros.
Transforma nuestros proyectos y nuestra tranquilidad para salvarnos del abismo que no vemos.
Invoquemos a nuestra madre, la Virgen de los Dolores, al pie de la cruz, diciéndole todos: Virgen Santísima de los Dolores, ruega por nosotros. Que así sea.
Ø La Fiesta la celebramos también por la tarde
Este acto religioso es costumbre de hacerlo las Clarisas Descalzas, y este año al invitar a la Cofradía de Ntro. P. Jesús de la Espina y Mª Santísima de la Amargura, con su nuevo hermano mayor D. Cayetano Barriga y la nueva Junta de Gobierno, pensando que nuestro horario de mañana nos les convenía por ser tiempo laboral, nos propusieron el tener en este mismo lugar una eucaristía extraordinaria a las 19:00 horas, donde presidió y predicó el Muy Ilustre Sr. D. Pedro Fernández Amo, Capellán de la Hermandad, concelebrando el Muy Iltre. Sr. D. Julián García Franganillo, Canónigo emérito de la S.I.C Metropolitana de Mérida-Badajoz.
La Hermandad invito
este 4 de mayo de 2026 a todos los hermanos y devotos a participar en esta
jornada tan significativa, marcada por la espiritualidad y la contemplación en
torno a la Pasión del Señor, un momento único donde pudieron acercar a los
hermanos de la Hermandad y vivirlo con pasión.
PREDICACIÓN:
Querida comunidad de hermanas Clarisas, miembros de la Junta de Gobierno de la Hermandad de nuestro Padre Jesús de la Espina y María Santísima de la Amargura, hermanos y hermanas. Antes de comentar un poquito la fiesta y las lecturas, a mí me gusta siempre hacer un recuerdo especial del porqué celebramos a veces lo que celebramos los cristianos. Hoy celebramos una misa a la reliquia que se venera en este convento de hermanas Clarisas, de una reliquia importantísima. O sea, no, no estamos hablando de una reliquia como tantas y tantas que hay por ahí de, de santos y demás.
Es una reliquia de la pasión de nuestro Señor Jesucristo.
Es una espina de esa corona que traspasó la cabeza de nuestro Redentor.
Yo desconozco el por qué se celebra el cuatro de septiembre, pero conociendo un poco la historia de la liturgia, entiendo o puedo entender por qué se celebra el cuatro de mayo.
Para los más mayores recordaréis que el día tres de mayo era la fiesta de la cruz.
De hecho, todavía en muchos pueblos se conserva la tradición de la cruz de mayo.
Y eso responde a que antes del Concilio, hasta el año 1960, dos de las fiestas del calendario litúrgico cristiano se remontan a lo más antiguo de las celebraciones de la Iglesia, como es la propia Semana Santa, y eran el tres de mayo y el catorce de septiembre. El tres de mayo, en la fiesta de la cruz, se recordaba el hecho histórico en el que santa Elena descubre la cruz de Cristo en Jerusalén.
Y para conmemorar ese acontecimiento se estableció esa fiesta de la cruz el del tres de mayo.
Había otra fiesta también dedicada a la exaltación de la cruz el catorce de septiembre, que todavía se sigue celebrando.
Esa fiesta recordaba el hecho de la dedicación o de la consagración de la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén, que reúne dentro de ella tanto el Calvario como el sepulcro de nuestro Señor Jesucristo.
En el año 1960, la Iglesia, el santo padre poco antes del Concilio de iniciarse el Concilio Vaticano II, deciden que estas dos fiestas se unieran en una sola fiesta que se celebra el catorce de septiembre.
Por eso digo que intuyo que esta fiesta de la espina, como en otros lugares, eh, otros elementos de la pasión de nuestro Señor se celebra el cuatro de mayo. Dicho esto, momento a partir de las lecturas que lo que hoy nosotros recordamos, lo que hoy celebramos no es solo una memoria del pasado. Hoy miramos esta espina que la tenemos ahí delante o miramos la cruz y la cruz o esta espina nos mira a nosotros. Y en este monasterio, ante la imagen del Cristo de la Espina, esa mirada se vuelve más profunda, más silenciosa, más verdadera.
Las lecturas que acabamos de proclamar, que son las que se leen el día de esta fiesta de la exaltación de la cruz, nos han dado una clave muy sencilla: mirar para vivir.
En el desierto, el pueblo mordido por ser por serpientes encontraba la vida al mirar la señal levantada por Moisés.
Y Jesús mismo en el Evangelio nos ha dicho: "Cuando yo sea elevado, atraeré a todos hacia mí".
La cruz, por lo tanto, no es solo un recuerdo, la cruz es un lugar de encuentro.
Y al mirar al Cristo, al mirar esta tarde esta espina, descubrimos algo que no se puede explicar del todo, pero que se puede contemplar.
Dios no ha amado a medias, Dios no ha amado desde lejos, Dios ha amado hasta el extremo.
Las espinas que hirieron su cabeza y que nosotros nos sentimos agraciados al conservarse una de ellas en este monasterio, nos hablan de un amor que ha querido entrar en nuestra vida, en nuestro pecado, en nuestro sufrimiento. No hay sufrimiento humano que no haya tocado.
No hay noche en la que al no haya entrado. Por eso, exaltar la cruz no es exaltar el dolor, es exaltar el amor que vence al dolor. Pero esta fiesta no termina en la contemplación, nos alcanza a nosotros. Si Cristo se ha entregado así, si Cristo se ha despojado así, entonces el camino del cristiano es claro: aprender a amar como él. Y eso empieza en lo concreto, en dejar el egoísmo, en perdonar, en servir sin buscar reconocimiento, en amar incluso cuando cuesta. La cruz, queridos hermanos, no se entiende, se vive. Y esta tarde aquí ante el Cristo de la Espina, en este clima de silencio que custodian las hermanas Clarisas, podemos hacer algo muy sencillo y muy grande: mirar y dejarnos mirar.
Dejar que esa espina nos hable de la misericordia que la abraza.
Dejar que esa mirada de Cristo nos diga: "Así te amo, así te he amado siempre y así te seguiré amando".
Que al salir esta tarde de aquí no nos llevemos solo una devoción, sino una certeza.
La cruz no es el final del camino, la cruz es el camino del amor verdadero.
Y quien aprende a amar así, aunque pase por la cruz, siempre, siempre encontrará ¡la vida y la vida con mayúsculas. Ojalá ¡eso sea así para cada uno de nosotros!
Que así sea.
Los Cofrades prepararon este acto litúrgicamente extraordinariamente, donde púbicamente dieron testimonio de su Fe Católica.
En esta jornada gozosa, los pacenses pudieron venerar la Reliquia de la Santa Espina, que se conserva en este monasterio; que según dice la tradición se hallaba en un hueco de la espalda de esta milagrosa imagen de Ntro. Padre Jesús de la Espina, donde podemos decir que es una espina autentica de la corona de Ntro. Sr. Jesucristo, en su pasión. Al finalizar las dos Santas Misas, se dio a venerar la Reliquia.
El templo estaba rebosado de fieles devotos en ambas celebraciones; aunque por la tarde sobrepasó la asistencia de fieles.
Cristo de la Espina, ruega y protege nuestra ciudad. Amén





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