A SAN ANTONIO DE PADUA. 2026
Del 11 al 13 de Junio
Dentro del marco de acción de gracias del VIII Centenario de la Pascua de San Francisco de Asís, hemos celebrado gozosas a unos de los hijos predilectos de él.
El santo más universal del Santoral Católico. Los devotos le quieres por sus milagros y sobre todo por su admirable vida de santidad evangélica.
La Santa Misa se celebró a las 10.00 h. precedida del Ejercicio del Triduo.
El Santo Antonio, como le llaman los portugueses, en estos días se ha hecho más cercano, gracias a las preciosas homilías que nos ha expuesto el Celebrante el Muy Iltre. Sr. D. Luis Romero Rangel, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Mérida-Badajoz.
Homilías:
Ø Día 11 de junio de 2026
Clarisas, hermanas y hermanos. Aquí, la figura de San Antonio, uno de los primeros de la Familia Franciscana, nos congrega estos días previos a su gran fiesta.
Y él, en su ser, nos enseña más casi que con su palabra.
El proceso de la búsqueda de la voluntad de Dios en su propia vida y pasar del orden de, de San Agustín en la Orden Franciscana, en todo por una mayor fidelidad que él entendía en el seguimiento de Jesucristo.
Pero hay una, una faceta de su vida que quisiera compartirla con ustedes esta mañana y que me, me parece muy importante.
Es cómo Antonio, San Antonio, buscó,
estudió, pero sobre todo meditó y contempló la
Palabra de Dios.
Conocía hasta tal punto la
Palabra de Dios, que el papa de entonces, Gregorio IX, decía de él que era el “Arca
del testamento”. Pero no hablaba. San Antonio, cuando hablaba de la Palabra, no
hablaba de memoria, no hablaba de teoría, no hablaba de cosas aprendidas,
académicas, no hablaba de, de exégesis solo.
Hablaba del corazón de la Palabra, porque él, en la soledad de Montepaolo, él se había adentrado en las entrañas de la Palabra.
Y ahí había percibido ese latido de Dios que lo enamoró, lo encandiló y le contagió de un fuego dentro que no podía más que desde ahí darlo.
Es el agua que se derrama, cuando ya está lleno el recipiente.
San Antonio no era un estudioso solo que hablaba desde la ciencia.
San Antonio era un contemplativo de la Palabra que comunicaba lo que sentía en su dentro. Es una invitación a cada uno de nosotros esta mañana a adentrarnos en la Palabra.
Tenemos en la Palabra de Dios una riqueza, un tesoro que apenas visitamos, que apenas nos adentramos. La Palabra de Dios, lo sabemos bien, es creadora.
Aunque no haya apenas nada, aunque no haya casi nada, aunque no haya nada, la Palabra es creadora y crea vida, y crea nueva vida.
Aunque nuestra vida a veces sea más semejante a un caos, la Palabra de Dios crea armonía.
Cuando nos sintamos poco menos que un desierto, la Palabra de Dios engendra la vida que, que a veces nos falta.
La Palabra de Dios, es el gran tesoro que tenemos en los creyentes, ahí a nuestra disposición como sabiduría de la vida; pero sobre todo como contemplación del ser de Dios.
Y cuando nos adentramos ahí, no podemos más que vivir desde ahí, dando de lo que hemos recibido, contagiando por ósmosis, espontáneamente, de ese gran don.
Y tanto las hermanas Clarisas, en su contemplación diaria de la Palabra de Dios, como cada uno de nosotros, creyentes, estamos invitados a ser contemplativos en este mundo, a coger el don de Dios que nos da en su Palabra y hacer así posible lo que San Antonio, realizó en su vida: transmitir a otros el gran don de ese amor que no conoce ocaso.
Santa Clara invitaba a mirarse en ese espejo de la eternidad, para transformarse en lo contemplado.
A medida que más contemplamos al Señor Jesús, más nos identificaremos con él, hasta finalmente poder decir: "Ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí".
Se lo pedimos con confianza al Señor esta mañana.
Ø Día 12 de junio de 2026
¿Cómo es el Corazón del Señor? El corazón reside los misterios del ser humano.
En él anida lo más grande, lo más bello, lo más noble, lo más auténtico, al tiempo que lo más frágil y débil y las pasiones de todo tipo, nos dijo el Señor. Pero ¿Cómo es el del Señor?
¿Cómo es su Corazón? Lo acabamos de escuchar en la Palabra de Dios.
Dos grandes características tiene, dos grandes expresiones de su ser, no del modo de hacer, sino del modo de ser: manso y humilde. La humildad y la mansedumbre.
Así se define el Corazón de Cristo, y así se desvela cómo es el Corazón de Dios. "Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre", nos dejó dicho Jesús. Dios es humilde.
El latido más hondo de Dios es la humildad. La mansedumbre no es una actitud bobalicona de debilidad, no. Muy al contrario, es una actitud de fortaleza para no ser dominado por las emociones.
La mansedumbre es la capacidad de reaccionar con dulzura ante el dolor y expresar con una dulce sonrisa las espinas de la vida. Manso y humilde de corazón, dice el Señor.
La invitación que recibimos en este triduo de San Antonio es acoger la humildad frente a la vanidad, frente a la soberbia y a la, y al orgullo, frente a la prepotencia y al aparecer, frente a lo que nos vanagloria.
La humildad. En la vida espiritual solo se avanza bajando, como hace el agua. El agua, lo sabemos bien, avanza bajando, porque los océanos y mares están un poquito más abajo. Allí confluyen todos los ríos. Así en la vida espiritual, es la humildad la que nos hace avanzar, es la humildad la que nos permite avanzar.
San Francisco de Asís y Santa Clara, que han acogido la médula del Evangelio, y lo han expresado en su carisma como pocos, asumen la minoridad, asumen el hacerse pequeños, frágiles, sin importancia, sin vanidad y orgullo, como algo importante que les identifica.
La minoridad Franciscana y Clariana es lo que San Antonio hoy, que él lo vivió en su propia vida, nos lo transmite también.
No aparecer, no buscar el protagonismo, no buscar alardear, no buscar la exhibición, sino estar continuamente en lo desapercibido, en lo oculto de una vida.
Nuestro Señor Jesús, nos queda el ejemplo precioso de treinta años en Nazaret, absolutamente oculto, diciéndonos una vez más: el latido de Dios es la humildad, la minoridad Franciscana y Clariana, que nos invita hoy a acoger en el corazón, que nos invita hoy a ver cómo yo he de imitar a este sentimiento de Cristo Jesús, que nos dirá San Pablo: "Tened en vosotros".
Termino. Dice San Pablo: "Tened en vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús". Vamos a pedírselo al Señor como una gracia especial en el día de hoy.
Ø Día 13 de junio de 2026
Hoy, une el Corazón Inmaculado de María y San Antonio, la gran Fiesta de San Antonio. Si ayer hablamos de un Jesús que en su Corazón él nos decía: « Manso y humilde soy, aprended de mí».
Y veíamos como no hay una vida espiritual sin la humildad, que es la madre de todas las virtudes, sin la minoridad que Francisco y Clara tomaron como bandera el carisma Franciscano y Clariano.
En esta mañana, al contemplar a María, su Corazón, vemos cómo ella guarda todo en su Corazón. Ella sabe de Evangelio, la que más sabe de, de Evangelio, porque lo guarda en el corazón.
Y no lo guarda como en un arca que se, que se olvida, sino que lo contempla, lo medita, lo ahonda.
Así ella, como oyente fundamental de la Palabra de Dios, abrió sus entrañas a la misericordia y por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitó el sol que nace de lo alto.
Así nos habla del Corazón de María, que en su corazón lo que hay es Evangelio y entrañas de misericordia. Y nos invita a ello también. No guardar en el corazón dolor o rencor.
No guardar solo pasado y enganches al pasado; sino reunir en el corazón lo que nos sucede para mirarlo con los ojos del Señor.
Pidamos a San Antonio esta mañana que nos alumbre también una palabra desde su vida. Él que dedicó gran parte de su vida a entrañar la Palabra.
No solo estudió la Palabra, que efectivamente lo hizo, no solo enseñó la Palabra, que también, sino que entrañó la Palabra en sí, la vivió y fue un predicador coherente con lo que predicaba, porque lo vivía. Nos dijo: «Cesen las palabras, que hablen las obras».
San Antonio, en la sencillez profunda Franciscana que encarnó, es para nosotros hoy un ejemplo, un camino abierto de cómo acoger la Palabra de Dios y dejar que nos configure.
No que conozcamos de memoria la Palabra, no que sepamos cosas de la Palabra, no que hablemos al dictado de la Palabra, sino que esa Palabra nos transforme, nos configure, nos cree y recree para compartir de la abundancia del corazón y de lo que va transformando el Señor en nuestra vida.
Todo esto con la humildad profunda y honda de que se sabe en camino. Todos estamos en camino, todos estamos en proceso, todos vamos hacia Dios. Y en ese itinerario, siempre frágiles y débiles.
Las Hermanas Pobres de Santa Clara tienen la iconografía de su madre, Santa Clara, la custodia como un gran símbolo que enraíza con la historia de la Orden.
La invitación que nos hacen, tanto a la Festividad de la Virgen como la Fiesta de San Antonio, es a ser custodias del pan y de la Palabra, de las entrañas de misericordia de nuestro Dios, custodias de la minoridad evangélica, custodias de una profunda humildad, que sin ella no hay edificio espiritual que se pueda construir.
Finalmente, una palabra de agradecimiento y reconocimiento a lo que hemos vivido estos días con la visita del Papa.
Hemos sido alentados, hemos sido confirmados en la fe, creo que emocionados en muchos momentos, también invitados a actitudes y a cambios de conversión y a ser una Iglesia más en respuesta a las situaciones concretas de hoy.
Pidamos al Señor, por el misterio que encarna León XIV, pidamos al Señor por esta Iglesia que camina en esta tierra y que sea cada día más fiel al Evangelio.
Ruega por nosotros San Antonio, glorioso y santo, para que de sus promesas seamos. Amén.



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