A SANTA CLARA DE ASIS. 2026
Del 9 al 11 de agosto
El domingo 9 de agosto de 2026, se inició en nuestro templo el Solemne Triduo a Santa Clara de Asís.
Al terminar el rezo de Sexta, se hizo el Ejercicio propio de este primer día a esta “mujer de paz”, como nos expone el Ministro General, de la Orden de los Hermanos Menores, en su carta anual para felicitarnos en esta fiesta.
Continuamos con la Bendición y Reserva del Santísimo Sacramento, para comenzar la Eucaristía a las 12.30 h. que presidió y predicó en estos días nuestro querido Padre Capellán el Revdo. Sr. D. Francisco José Trabadela Gómez.
En este año jubilar Franciscano nuestra mirada ha estado puesto en Clara; que nos remontan a los últimos días que ella vivió junto a Francisco; y que sin duda fueron a la vez gozosos y dolorosos al aproximarse el transito del Poverello subiendo al cielo.
¡Qué hermosa homilía la que nos acercó con sencillez y emoción para recordar estos momentos vivido por la hermana cristiana: “Clara”.
Aquí transcribo las homilías de estos días para que nos sirva de provecho espiritual.
Ø PRIMER DÍA
Queridos hermanos todos, en este día del Señor, primer día del Triduo a Santa Clara de Asís, en este convento franciscano. El evangelio que acabamos de proclamar es oportunísimo para la vida de todo ser cristiano, y sobre todo para la vida de los que tienden a ser mejor cristiano, incluso a ser santos. Muy a propósito de Clara de Asís, que dejó lo cómodo de la vida que tenía en su casa, era de familia noble y se fue detrás de Cristo hasta el final de sus días, fundando con Francisco de Asís, su mejor amigo en Cristo, su compañero de vocación, a fundar las Clarisas, conventos de encerradas.
El Señor, queridos hermanos, viene siempre. Nada puede detener su ardiente deseo de encontrarse con los seres humanos, con cada uno de nosotros. Ni la noche, ni la tormenta, ni siquiera la falta de fe le impide acercarse a nosotros. Hay momentos en los que nos metemos en la cueva de nuestros miedos y no vemos más que fantasmas.
La realidad nos parece mucho más difícil de afrontar de lo que lo podría hacer si la viviésemos con un poco de serenidad y sobre todo de la mano de Jesús. Pero en otras ocasiones, la tempestad azota objetivamente la barca de la Iglesia y del mundo donde vemos y vamos haciendo la travesía por este mundo. Hoy nos faltan, no nos faltan, perdón, escándalos que decepcionan, catástrofes que desmoralizan, injusticias ante las cuales nos sentimos demasiado pequeños e incapaces. Por no hablar de las tormentas que se desatan regularmente en nuestros afectos y relaciones. Es precisamente ahí, más bien que en el seno de la bonanza, donde Dios se empeña en salirnos al paso. También salió al paso de Francisco de Asís y de Clara de Asís, aquellos dos hermanos, amigos, compañeros de fundación. A través de qué nuevos lenguajes intenta el Señor sacarnos del miedo para afrontar con ánimo el presente. Sí, nos dice, la llamada que resuena en la tormenta tiene poder para ponernos de pie si confiamos en él.
Y estos días, leyendo un poquito una vida de Santa Clara de Asís, me he detenido en un momento último ya de Francisco de Asís. Clara de Asís tenía una gran preocupación por no ver al hermano tan querido, Francisco. Igualmente, Francisco estaba gravemente enfermo aquellos días y temía no ver ya a su plantita, a Santa Clara, como la llamaba él su plantita. Y envía a un mensajero, a un hermano, y le dice que le diga de palabra, además del sobre que llevaba, que le diga de palabra que no se preocupe nuestra hermana Clara, porque nos vamos a ver en el cielo. Toda una vida gloriosa. Y además, antes de que me sepulten, querré verla a ella y a las hermanas del convento de San Damián. Y así fue. Ordenó a sus hermanos que trasladaran aquel féretro donde estaba a la ventana, ventanita de la salita de las hermanas. Desde allí vieron las hermanas, vio Santa Clara a su hermano, amigo y compañero de fundación. Y lo vio ya incluso con las llagas de Cristo en las manos.
Y le dio tanta paz que supo superar aquel encuentro. Queridos hermanos, es la tormenta de Santa Clara, Francisco, el compañero de la tormenta, y Jesús, el que los ayuda con su gracia a superar las dificultades de la separación temporal de ambos. Pidámosle al Señor que nos ayude en ellos, Francisco y Clara de Asís, a ser también fuertes en las pruebas cuando vengan de verdad. Que así sea.
Ø SEGUNDO DÍA
Queridas Hermanas Pobres de Santa Clara, que celebráis con gozo un año más la solemnidad de vuestra fundadora, la Madre Clara. Y queridos hermanos todos, también devotos de Santa Clara de Asís, que os encontráis para celebrar unidos a las hermanas este triduo a Santa Clara de Asís. Sigo, como ayer, con unas reflexiones muy teológicas, muy profundas, del papa emérito, de feliz memoria, Benedicto XVI, sobre Santa Clara de Asís en el centenario de la misma. Cuando se intenta hablar de Clara de Asís y se le mira en una visión global de su vida, surge espontáneamente definirla como la versión femenina de Francisco. Su acusada personalidad, su seguridad en el camino elegido, su tesón en alcanzar contra viento y marea la aprobación de su regla, forma de vida que Francisco le había dado, juntamente con su peculiar suavidad, su profunda alegría, su posible sensibilidad e intuición, hacen de Clara un prototipo de mujer libre, decidida y audaz, válido para todos los tiempos.
Su elección de vida encerrada fue la forma de significar en la Iglesia que Dios es el único Señor y que él solo llena la vida de todo ser humano. El contraste entre su fortaleza de espíritu y su apertura hacia el futuro y su falta de salud se armonizó en ella sin traumas, ni desalientos, ni miedos, y mantuvo hasta la muerte bien alta y visible la antorcha de una forma de vivir el Evangelio en total desapropiación que amenazaba apagarse. Clara fue la guardiana del fuego franciscano y una luz resplandeciente, emergiendo de entre las oscuras nubes de profundas tensiones internas en la familia franciscana. Hoy, Clara de Asís sigue siendo un signo válido de lo que puede Dios hacer en una criatura cuando al seguir el seguimiento de Cristo se une la voluntad definida de caminar siempre hacia la luz con los pies descalzos de los pobres y el corazón limpio, alegre y lleno de amor del niño que se sabe amado de su Padre.
Su fidelidad al Evangelio de Cristo, al Cristo pobre y crucificado, nacido de la Virgen María, que en la eucaristía es pan para el camino, convierte a Clara el sol radiante de cuantos buscan en la vida la sinceridad, la justicia, la fraternidad, el amor y la paz. Clara de Asís, queridos hermanos, es junto a Francisco la hermana universal. Dios así lo ha querido. Dos nombres que jamás podrán separarse, el de Francisco y el de Clara. En su tiempo, encarnaron una aventura divina que rescató la vida según el santo Evangelio. Unidos a Cristo, que es la vid, y nosotros los sarmientos. Y es también la pobreza radical. Hoy, siguen teniendo una gran fuerza de convocación en un mundo en que lo auténtico, lo sencillo, lo claro y lo transparente no tienen apenas sentido.
Por los caminos del mundo, queridos hermanos, tantas veces conturbados, hoy lo sabemos muy bien, por guerras, injusticias, opresiones y escándalos, todavía es posible encontrar las huellas de unos pies descalzos, el cantar de un alma alegre y hermana, y el gozo de paz y bien, eslogan de dos cristianos universales que siguen mostrando un camino nuevo después de ocho siglos. Que así sea.
Ø TERCER DÍA
Querida comunidad de los Pobres de Santa Clara, queridos hermanos todos.
He leído unas reflexiones preciosas del Papa emérito, perdón, del Papa de feliz memoria, Benedicto XVI, acerca de la esposa de Cristo, Santa Clara de Asís.
Va a hacer dieciséis años. Y a mí me encantan las reflexiones de este Papa de feliz memoria.
Me gustaría que vosotros también las recogierais en vuestra memoria y sobre todo en vuestro corazón.
De un modo especial, vosotras, hermanas Clarisas, que celebráis con gozo y solemnidad un año más el Tríduo a Santa Clara de Asís.
Dice Su Santidad Benedicto XVI: "Su testimonio —se refiere al de Santa Clara de Asís— nos muestra cómo toda la Iglesia es deudora a mujeres valientes y ricas en fe como Santa Clara de Asís, capaces de dar un decisivo impulso para la renovación de la Iglesia en el siglo XIII y en cualquier siglo.
Clara tuvo en Francisco de Asís no solo un maestro cuyas enseñanzas a seguir, sino también un amigo fraterno.
La amistad entre estos dos santos constituye un aspecto muy bello e importante.
La amistad es uno de los sentimientos humanos nobles y elevados que la gracia divina purifica y transfigura.
Como San Francisco y Santa Clara, también otros santos vivieron una profunda amistad en el camino hacia la perfección cristiana, como San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca de Chantal.
Y es precisamente San Francisco de Sales quien escribe: 'Es hermoso poder amar en la Tierra como se ama en el Cielo y aprender a amarse en este mundo como hermanos eternamente en el otro'.
Nos habla y nos habló aquí San Francisco de Sales del simple amor de caridad, porque este debemos tenerlo por todos los hombres, sino también de la amistad espiritual, en el ámbito de la cual dos, tres o más personas se intercambian la devoción, los afectos espirituales y llegan a ser realmente un solo espíritu.
En el convento de San, San, de San Damián, Clara practicó de modo heroico las virtudes que debemos distinguir a, a cada cristiano: la humildad, el espíritu el espíritu de piedad y de penitencia, la caridad.
Aun siendo la superiora, ella quería servir en primera persona a las hermanas enfermas, sometiéndose también a tareas humildísimas.
La fe de Santa Clara, su fe en la presencia real de la Eucaristía.
La veis en la imagen que hay en el altar, que tiene la custodia en la mano.
La fe en la presencia real de la Eucaristía era tan grande que en dos ocasiones se comprobó un hecho prodigioso.
Solo con la obtención del Santísimo Sacramento alejó a los soldados mercenarios sarracenos que estaban a punto de agredir el convento de San Damián y de devastar la ciudad de Asís".
Que esta breve reflexión que nos transmite en sus escritos el Papa de feliz memoria Benedicto XVI sobre Santa Clara de Asís nos ayude a cada uno de nosotros a vivir nuestra vocación cristiana plenamente.
Así sea. Amén.
La víspera de la Solemnidad de Santa Clara, celebramos su Tránsito, en la oscuridad de la noche del 10 de agosto de 2026, cuando en penumbras en el patio central de nuestro convento, nos dirigimos en procesión y cantando con fervor hasta nuestro coro bajo, a una temperatura de 40º.
¡Preciosa noche y precioso Triduo a nuestra Seráfica Madre, que nos ha vuelto a decir que la santidad es para todos!
En estos días se ha extremado un precioso mantel que hemos confeccionado y bordado con la imagen de Santa Clara, y con la frase: “Yo seré siempre tu Custodia”.
Imploramos la protección de nuestra Santa Madre Clara, para que seamos luces que alumbremos a nuestra ciudad, por la santidad de nuestras vidas.






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